Hay series de televisión que pasan al olvido rápidamente, bien por una falta de arraigo en el ojo del espectador, bien por decisiones empresariales asociadas a cuentas de resultados. Ambas expresiones tienen una lectura popular: que eran malas de narices. Existe por tanto un limbo para la ficción televisiva: un espacio indefinido y maldito en algún recóndito rincón del inconsciente colectivo en el que sucumben algunos productos que, por algún misterio inexplicable, sólo son recordados por escasas personas con una memoria que no obedece a las pautas de la lógica popular, y que si estuviéramos en una época medieval a buen seguro habrían trabajado como archiveros mayores del reino. Estos seres peculiares no se sorprenderán de algunos títulos que aquí aparecen.
Por tanto, no se trata de las que más éxito tuvieron. No aparecerán en esta lista míticas de los 70 como Kojak, Los Hombres de Harrelson, Starsky & Hutch, Pipi… ni la mayoría de los 80, como Dallas, Falcon Crest, Galáctica, el pesao del coche flipao, el brasa de Alf… sino precisamente las más difusas en la mente, y para variar, tened por seguro que no están todas las que son:
HOLMES & YO-YO
Aunque yo la recuerdo titulada como “Alex y Yo-Yo”, la realidad es que no he encontrado referencia alguna en Internet con ese título, así que es posible que mi memoria de 7 años de edad me jugara una mala pasada al respecto a la hora de grabar en mi disco duro el título de una de las series más extravagantes y fugaces de la televisión. Se emitió en 1979, y la serie original apenas duró un par de temporadas, probablemente por la escasa aceptación. No obstante, a mí me alucinaba la “memoria fotográfica” de Yo-Yo, un robot-policía capaz de memorizar en una acelerada pasada de hojas todo el contenido de cualquier manual de instrucciones. Se emitía los sábados por la tarde, y era divertidísimo jugar a imitar a los personajes con tu hermano o un amigo cuando acababa el episodio de marras.
He aquí la canción de inicio:
LAS DESVENTURAS DEL SHERIFF LOBO
De esta serie recuerdo los títulos de crédito, con el espectacular amontonamiento de coches de policía, y la asimilación del término “desventuras” por mi parte. Era la primera vez que percibí que los protagonistas podían ser unos auténticos pringaos, lo que dio rienda suelta a mi fantasía a la hora de jugar a rodar series con amigos imaginarios. Estoy plenamente dispuesto a proponerla para el título de “Una de las 3 peores series americanas de todos los tiempos”, y debo hacer esfuerzos para recordar las otras dos que van en el paquete.
Me quedo, eso sí, con Perkins, ayudante gordo bigotudo que era a su vez cuñado de Lobo, y que se caracterizaba por ser un tarambana inútil (he visto esa cara detrás de muchas ventanillas) y tener una carencia innata para olvidar lo que acababa de hacer instantes antes. Por cierto, el sheriff, al parecer, era algo corrupto, por lo que he leído y me han comentado, pero no tengo un recuerdo asociado al concepto de corrupción en esa época de mi vida. ¡Ah, la inocencia de la infancia…!
HART & HART
Hart to Hart en el original –un título mucho más jugoso-esta serie emitida por la ABC entre 1979 y 1984, y en España a partir de 1982, iba de babosita pareja de millonarios aficionados a jugar a detectives, pero lo que me hacía arder en sudores de ambigüedad era una escena que yo achacaba a la canción inicial en la que los protagonistas se sumergían abrazados desnudos en el mar (en aquellos tiempos yo no entendía cómo se podía llegar a tal nivel de cercanía física). Bueno, pues nada. Otro falso recuerdo, a tenor de la revisión de las canciones de crédito de las distintas temporadas.
La actriz, Stephanie Powers, era ab-so-lu-ta-men-te mi estilo de mujer a la que habría dejado adoptarme a esos mis tempranos años, y con los debidos softwares de actualización, ese look sigue siendo uno de mis ideales estéticos.
Del que no me acordaba yo, fíjate tú, era del mayordomo viejo que narra, nada más y nada menos, las aventuras en primera persona. Me acuerdo de la tía pero no del viejo. Criterio de memoria selectiva, sin duda.
Lo que tampoco me dejaba indiferente a pesar de mi inocencia era ver a Robert Wagner subidito a lanchas y yates mientras recordaba los artículos del Semana y del Diez Minutos que narraban la muerte de su mujer en la vida real, Natalie Wood, en circunstancias extrañas y nunca aclaradas a bordo de un yate en el mar, en el que viajaban el propio Wagner y ese actor con cara de mala persona llamado Christopher Walken.
DICK TURPIN
Interesante serie británica protagonizada por el fantástico Richard O’Sullivan, del que ya he tratado en un artículo anterior, por lo que al mismo me remito para detalles del actor. El personaje de ficción difería en su biografía del Dick Turpin que realmente existió, y se presentaba como un inocente desfacedor de entuertos desarraigado que había sufrido la pérdida de sus padres. Todo eso es muy interesante, pero los niños flipábamos con las escenas de lucha de espadas, que era lo molón. La recuerdo emitida los sábados por la tarde.
LA FUGA DE LOGAN
Lo que molaba de esta serie era la premisa: Logan era un policía que descubre la realidad: en su sociedad post-apocalíptica se induce en un letargo a los mayores de 30 años y él, que ve que se le va a pasar el arroz, decide escaparse hacia la libertad, un lugar que recibe el nombre de Santuario (yo no corro hacia un sitio llamado así ni harto de vino). La novela original establecía la edad en 21 años, pero a buen seguro los guionistas, que superaban esa franja, decidieron que había que subir la media de edad de letargo o iban a perder bastante público potencial. La peli mola más, y sale el dios Peter Ustinov, siendo el prota Michael York, que tiene cara de jamón serrano.
ESPACIO 1999
Seamos justos: de todas las series mencionadas, esta es la que debería causar mayor respeto, por ser de culto y absolutamente flipante para le época. La introduzco porque creo que aún así debería haber tenido mayor trascendencia con los años. La banda sonora es es-pec-ta-cu-lar.
El título es lo mejor: en el año indicado ya tendríamos que haber viajado por el espacio-tiempo. Desde luego, los guionistas, a la hora de establecer los cálculos, se dejaron llevar por la carrera espacial de los años sesenta, y quizá también por la dietilamida de ácido lisérgico tras una excursión a Woodstock (ahora, con la globalización, basta coger un cercanías a Benicasim y trasladar el cálculo a 2025). En la serie, los residuos nucleares terrestres se almacenaban en la luna. Por no sé qué tejemaneje, los residuos explotan y la luna se va a cagar a la vía láctea. Ello conlleva que los residentes en el módulo lunar (los lunabasureros, vaya) flipen en colores. No sé cómo acaba, pero le pregunté el otro día en el asilo a Martin Landau y se le mezclaban los recuerdos con Star Trek, así que le di recuerdos de Obi Wan y como le molan las cosas del futuro le enseñé un iPad. Él me enseñó un ewok. Luego tomamos gofres.
LA CONQUISTA DEL OESTE
Este productito espeso para mis ojos de infante era una serie valorada por la crítica y basada en la película homónima del año 62 que trataba sobre el asentamiento de los colonos en el lejano Oeste. La serie me da a mí que era más bien enfocada en las relaciones interpersonales de la familia Macahan: el patriarca adoptaba a sus cuatro sobrinos, huérfanos por el asesinato de sus padres, junto con su tía. Lo que más mola para los guionistas debe de ser elegir los nombres:
“El prota se llamará Zeb, que mola y es muy vaquero”.
“Pues la tía tiene que ser Molly.”
“¿Molly qué?”
“Molly Culhane, que suena así, muy polvoriento”.
“¿Y los sobrinos?”
“Pues los típicos de casa de la pradera: Lucas, Laura, Josh, Jessie… ¡no sé, los que te ponías tú cuando jugabas en el lavadero!”
Lo más destacable era la irrupción en pantalla de uno de mis mitos televisivos, Bruce Boxleitner, que la rompe en Tron, y a quien doblaba el mítico José María del Río, conocido por muchos por los documentales de la 2, pero que tengo asociadísimo a este actor de mi infancia, y por supuestísimo al Kevin Spacey de American Beauty. Un respeto para esta Voz:
http://www.youtube.com/watch?v=Ugr_xVCKdK8
GRIZZLY ADAMS
Y llegamos a una serie de la que encuentro pocas referencias. No tengo tampoco links a un contenido en castellano, pero recuerdo aquellas palabras del narrador: “Pronto descubrió que tenía un don con los animales (…)” Me maravillaba ver el grado de amistad del hombre con el oso, y parece ser que la historia estaba basada en hechos reales: un hombre había sido acusado de un crimen que no había cometido, y en vez de montar un equipo de mercenarios de guerra dentro de una furgoneta y dedicarse a repartir mamporros, había decidido escabullirse en las montañas y mimetizarse en el entorno. Fantástica referencia de la serie en este artículo de El País: http://www.elpais.com/articulo/agenda/ESPANA/TELEVISION_ESPANOLA_/RTVE/Grizzly/Adams/indio/loco/oso/elpepigen/19800816elpepiage_1/Tes
Y aquí van los títulos de crédito.
Hasta aquí un vistazo superficial a mitos en escabeche de la televisión. Habrá más, si me pica el gusanillo, pero por hoy, “Con Ocho Basta”.















