CROMOS

| 29 noviembre, 2011 | 7 Comments

A la hora de tratar el maravilloso tema del coleccionismo de cromos, considero imprescindible mencionar a quien fue un gran mito local en Madrid, desconocido para el gran público de nuestros días. El típico individuo que era conocido en toda la ciudad, cuando los medios de comunicación tenían menor relevancia y se pasaba a la fama “de boca en boca”: me refiero al inefable, al ínclito PIRULO de Madrid. Luis Ortega Cruz, alias Pirulo, era un vendedor de cromos y chucherías que trabajó toda su vida en el parque del Retiro de Madrid y sus alrededores, y que tras años regentando un tenderete plegable dentro del parque, abrió su tienda en la calle Ibiza, justo al lado del colegio al que yo iba, la Sagrada Familia (popularmente, la SAFA).

Si bien yo lo conocí ya en la década de los 70 y principios de los 80, lo cierto es que llevaba toda la vida repartiendo ilusiones, como la ONCE. Era un tipo peculiar, de verborrea desaforada, intuitivo, de inteligencia callejera, y a la vez con un discurso plenamente asequible para los niños. Al parecer, durante la posguerra se había dedicado principalmente a luchar contra las injusticias: ayudó a encontrar casa a mucha gente que no la tenía, regalaba felicidad a los más necesitados mediante donativos que se encargaba de recaudar, visitaba leproserías, y escribía, si era menester, misivas a autoridades, ministros, al propio Franco o a quien considerara adecuado para denunciar las desigualdades sociales que se encontraba en el camino. Plenas de faltas de ortografía, pero igualmente efectivas.

Con los años, y a medida que el rigor del tiempo fue suavizando las duras circunstancias del país, su actividad se centró en hacer felices a los niños y abrió una tienda de cromos, chucherías y algún juguete en la calle Ibiza.

La visita a la tienda durante mi infancia era perfectamente definible como apoteósica. Entrabas en un antro maravilloso, lleno de álbumes de cromos, y donde hice mis colecciones más valiosas: La Guerra de las Galaxias, los álbumes de la Liga -especialmente los de las que ganó la Real Sociedad en las temporadas 80/81 y 81/82, y que quizá me marcaron por la edad que yo tenía en ese momento-, Érase Una Vez el Hombre, Mazinger, y por encima de todas ellas, quizá la que más recuerdo, pues fue la última que pude completar antes de abandonar Madrid: la del Mundial 82 de Panini, con aquellos cromos adhesivos de plata reflectante. El verano de ese año, durante la celebración de aquel Mundial, mi familia se trasladó a vivir a Valencia, aunque seguíamos regresando con regularidad y haciendo la visita de rigor.

El local estaba capitaneado por el encantador personaje, acompañado de su hermana ocasionalmente y de su cuñado la mayoría de las veces. También recuerdo en la misma acera, un poco más cerca del Retiro, una tienda regentada por otra señora a la que yo atribuí la categoría profesional de bruja, en el sentido literal del término (no puedo aclarar si verdaderamente se trataba de una tienda de magia, o si es que mi memoria transforma aquellos recuerdos en espacios y decorados que ya quisiera Michael Ende para sus libros).

Una vez cruzado el umbral de la tienda, mi hermano Javi y yo no dábamos abasto. Casi siempre nos llevaban a la tienda nuestras tías abuelas, dos hermanitas de nuestro yayo materno, solteras, por supuesto, y  parecidas a las tías de Cary Grant en Arsénico por Compasión, aunque las nuestras, que sepamos en la familia, no se dedicaban a envenenar a nadie. De hecho, forjaron los mimbres de nuestra infancia a fuerza de cariño, buen humor y generosidad. Los sábados por la tarde nuestros padres nos dejaban con ellas para descansar (o lo que fuere menester), y para nosotros eso era el inicio de una tarde de aventuras: bucaneros, panterasrosas, gitanitos, tigretones, batidos de vainilla, de fresa, adquiridos en el ultramarinos que hacía esquina entre Narváez e Ibiza, a veces tarde de cine, y sobre todo cromos, muuuuchos cromos: yo presumo de haber finalizado colecciones en 4 sábados. Pirulo debía de adorar a mis tías porque, probablemente, eran sus clientas más esmeradas. Entraban, nos situaban ante los cromos y comenzaba el festín:

“¿Cuáles os gustan? ¿Estos? Pirulo, 20 sobres… qué digo 20. ¡Déme 40!” “Que sean 100, hermanita!” “¡Calla, calla, que me los malcrías”.

Pirulo estaba especializado en venta de caramelos y cromos, pero también hacía las veces de intermediario: un cromo difícil por cuatro fáciles. Tú ibas pasando las hojas de los álbumes, y de vez en cuando encontrabas estampitas y mensajes de advertencia que decían: “Dios te está viendo”, y mensajes de ese tipo, para cargar tu conciencia en caso de tener la tentación de  birlar algún cromo. Visto con perspectiva, no deja de tener guasa.

Yo compilaba un taco de cromos repes, y durante la semana, en el patio del colegio, tentaba con ciento cincuenta cromos al que tuviera exactamente el que me faltaba. Mi hermano, mientras tanto, iba coleccionando pitufos de goma, dinosaurios, snicks, y otros muñecos que aún ha conservado como buen archivero, y a los que ya están empezando a dar buen uso nuestros respectivos hijos.

De las chuches no voy a hablar, maravillas para estómagos autorizados: las pastillas de magnesia o el pica-pica en grandes dosis son las que más echo de menos.

Es evidente que las tecnologías han sustituido muchas formas de ocio en los niños, y los juegos de rol han ocupado un espacio de atención preferente en los adolescentes, pero aún hay sitios donde encontrar frikis de los cromos: el habitual Rastro de Madrid, el marcado de Sant Antoni en Barcelona, o los alrededores de la Plaza Redonda en Valencia, siguen en marcha, con padres acompañando a sus hijos con la lista en la mano, y resulta emotivo verles pleiteando virulentamente entre ellos los cromos de sus hijos, mientras éstos ostentan los tacos en la mano. Sin embargo, en este mundo globalizado, con el mundo al alcance de un clic, resulta casi imposible encontrar personas tan carismáticas, tan auténticas como Pirulo.

Category: Infancia, Recuerdos

Comments (7)

Trackback URL | Comments RSS Feed

  1. Te queria dar las gracias por la formidable leccion que he recibido en tu web. Valoro cada linea.

  2. Jarvis dice:

    Tu pagina es muy util. Gracias por publicar tus ideas. Son bien refrescantes

  3. Gilo dice:

    Muy buena y genuina tu pagina. Me gusta mucho

  4. MartyMcFly dice:

    He vuelto a mi infancia! Todos lo que describes lo he vivido y con una intensidad muy parecida. ¿Para cuando un pequeño homenaje a los Clicks, Madelman y otros Airgamboys?

  5. Wanda dice:

    vaya psicoanálisis público.

  6. Jose Roig dice:

    Joder Manu, lo has clavao tío! Por un momento he vuelto a mi niñez, creo que la mayoría (o me gustaría pensar que así era) teníamos un Pirulo en el barrio, y un tío o un abuelo que con toda la paciencia y el cariño del mundo nos catalizaba las colecciones, edulcorado eso sí con xuxes, bony’s, bucaneros y demás…y con meriendas a base de pan y chocolate elgorriaga, o mantequilla de colores…

Leave a Reply